Monday, September 28, 2009

Le Roy Ladurie i l'Abadia de La Grassa

L'abadia francesa de La Grassa (Lagrasse, en llengua d'oïl) fa un cert temps que ha emprès una gran renovació i restauració de tot el complex abacial, d'ençà l'arribada d'una nova comunitat de canonges regulars al 2004. Una associació de laics experts i de prestigi coordina la restauració i la recaptació de fons. Al lloc web de l'ASMVAL (Association pour la Sauvegarde et la Mise en Valeur de l'Abbaye de Lagrasse) es pot constatar la presència d'Emmanuel Le Roy Ladurie al seu comitè científic (un comitè, d'altra banda, de superluxe!). Segons es pot llegir a la pàgina web de l'ASMVAL, «L'association ASMVAL voit un grand intérêt à la présence d'une communauté religieuse dans ce bâtiment pour sa sauvegarde et sa restauration. Outre la garantie de respect de la vocation de ce lieu, la vie religieuse assure dans le temps les investissements d'aujourd'hui. L'Histoire nous en donne un indiscutable témoignage.». Perfecte. I afegeix una cita de Le Roy Ladurie: «Lagrasse exerce un rayonnement majeur en Languedoc depuis 1200 ans. Il n'y a pas de hasard. Une telle histoire est prometteuse pour l'avenir.». D'on ve la sorpresa de tot plegat? Le Roy Ladurie fou un dels artífexs de la Nouvelle Histoire francesa i l'actual Abadia de La Grassa empra els llibres litúrgics de la forma extraordinària del ritu romà, altrament dit, «ritu tridentí», «usus antiquior» i etc.

Le Roy Ladurie és un historiador i titular al Collège de France, deixeble de Fernand Braudel i fill d'un exministre d'agricultura del Règim de Vichy (tranquils, que es passà a la Résistance), Le Roy Ladurie fou conegut pel seu Montaillou, village occitan (1975) exemple paradigmàtic i mundialment famós de la microhistòria, amb una participació a la història de les mentalitats. Comunista de carnet fins a la invasió d'Hongria de 1956, formà part del PSU de Rocard, fins a la ruptura definitiva amb el marxisme, molt explicitada en els darrers temps amb la publicació d'alguns llibres de regust autobiogràfic i amb una anàlisi crítica del moviment comunista francès del qual participà. Val a dir que la seva polivalència l'ha menat a la història del clima i a la història de les regions, temàtica a la qual darrerament es dedica.

És possible que la dedicació de l'historiador a la història del Llenguadoc durant tant de temps, el porti a implicar-se en la recuperació i renaixement d'una abadia que jugà un paper tan important en la història de la regió. Tanmateix, no deixa de sorprendre que un francès de la Nouvelle Histoire s'ajunti tan desimboltament amb l'avenir d'una comunitat «tradi». És una significació que, encara avui, pot ser perillosa a França. Si Le Roy Ladurie actua amb tanta normalitat en aquest engagement, vol dir que les coses han canviat molt. Es palesa, per enèsima vegada, que el tradicionalisme francès té un creixement, una normalització i una acceptació molt rellevants i notables.

Wednesday, September 23, 2009

Reflexions de la Gran Guerra (i V)

Per acabar aquesta reflexió dispersa sobre la Gran Guerra, hom vol recuperar un dels pocs elements que va sobreviure –i com va sobreviure– de la Gran Guerra: el nacionalisme. No sobrevisqué pas el nacionalisme vuitcentista –en alguna de les seves versions ideològiques–; sobrevisqué la idea del nacionalisme, germen de tot, present en tot allò que forma part de les modernitats. És el fil de continuïtat que uneix els diferents períodes contemporanis i les seves dinàmiques, les seves generacions i les seves variacions epistemològiques. L’exacerbació nacional és, possiblement, el gran tret distintiu del món contemporani. Mentre es pugui observar l’existència d’aquest fenomen –que no s’ha de confondre amb el patriotisme, de molt més abast històric– hi haurà contemporaneïtat; quan no hi sigui, hi haurà una altra cosa. Tal volta es pugui trobar mitjanament feridora aquesta asseveració; nogensmenys, l’observació analítica del passat no deixa pas gaire portes obertes a la imaginació en aquesta qüestió. La identitat nacional és la clau de la contemporaneïtat i forma part de la modernitat contemporània qui participa d’aquesta épistémè. Qui sap quan durarà?

Saturday, September 19, 2009

El bicentenario del «Gran Día de Gerona»

Llegó el 19 de septiembre de 2009. Llegó el momento de conmemorar el bicentenario de la jornada heroica más importante del tercer sitio de Gerona durante la Guerra de la Independencia. Ante la iniquidad de las instituciones gerundenses todas, lo más propio es que desde la Sastrería se opte por la conmemoración individual, desde la lejanía obligada, sin olvidar todo lo dicho sobre esta efeméride. A pesar de todo, hoy como hace doscientos años, se ofrecerá en los altares la acción de gracias correspondiente, por los beneficios de que disfrutó la Inmortal con la protección divina y la más que evidente y eficiente intercesión del santo patrón Narciso, al que nunca la ciudad dejó de agradecer su protección y guía de los ejércitos, con su título de Generalísimo de tierra y mar.

Sin embargo, ¿qué fue el 19 de septiembre de 1809, el «Gran Día de Gerona»? La frágil memoria de los sitios ha llegado a un nivel de descomposición tal, que poco queda de lo que fue aquel glorioso día de gallarda defensa de los gerundenses y las tropas que luchaban en la plaza. Por suerte nuestra, las actuales y futuras generaciones podrán acceder siempre, si lo desean, a los grandes relatos de algunos de los mejores historiadores de los sitios y, en general, de la Guerra de la Independencia. Uno de los primeros historiadores de los sitios definió el Gran Día de Gerona con esta simple sentencia: «[…] se desconocía en Gerona el miedo, se descubría la serenidad, se admiraba la constancia, se insultaba el riesgo, se arrostraba la muerte, brillaba el heroismo.». No debe sorprender que sesenta años más tarde Benito Pérez Galdós describiese el Gran Día en su monumental Episodio Nacional de Gerona de la siguiente manera:
«Saliendo con mi fusil al hombro a donde el tambor me llamaba, corrí por las calles. Estaba ciego y no veía nada ni a nadie. Mi cuerpo desfallecido apenas podía sostenerse; pero lo cierto es que andaba, andaba sin cesar. Hablando febrilmente conmigo, me decía: ‘¿Pero estoy loco?… ¿pero estoy vivo acaso?’ ¡Terrible situación de cuerpo y espíritu! Fui a la muralla de Alemanes, hice fuego, me batí con desesperación contra los franceses que venían al asalto, gritaba como los demás y me movía como los demás. Era la rueda de una máquina, y me dejaba llevar engranado a mis compañeros. No era yo quien hacía todo aquello: era una fuerza superior, colectiva: un todo formidable que no paraba jamás. Lo mismo era para mí morir que vivir. Este es el heroísmo. Es a veces un impulso deliberado y activo; a veces un ciego empuje, un abandono a la general corriente, una fuerza pasiva, el mareo de les cabezas, el mecánico arranque de la musculatura, el frenético y desbocado andar del corazón que no sabe a dónde va, el hervor de la sangre, que, dilatándose, anhela encontrar heridas por donde salirse.
»Este heroísmo lo tuve, sin que trate ahora de alabarme por ello. Lo mismo que yo hicieron otros muchos también medio muertos de hambre, y su exaltación no se admiraba porque no había tiempo para admirar. Yo opino que nadie se bate mejor que los moribundos.»

Ante la gesta de nuestros antepasados sólo se puede mostrar una inmensa admiración, respeto y reverencia. No se trata de un desordenado amor supremo e idólatra para con un ente de manifiesta mundanalidad; es una virtud secundaria la de amar a su patria, sin trastornos ni estrecheces (no olvidemos ni Sapitentiæ christianæ, 7-9 ni Gaudium et Spes, 75; tampoco se olvide el orden del amor de las cosas como se observa en Santo Tomás, Summa Theologiæ, II-II, q. 26, a. 4, in c), especialmente cuando la patria se fundamenta en la Religión Católica; y más aún, si la defensa de la patria implica la defensa de la Religión, esencia primera de Gerona, de Cataluña, de España.

La lucha de nuestros antepasados fue por el molesto trinomio de Dios, Patria y Rey. ¡Qué gran malestar ha supuesto el amor de nuestros padres a la Tradición para muchos historiadores! Pero el historiador debe entender, no intuir; conocer, no suponer. El historiador debe explicar lo que fue. No sólo hubo la defensa explícita de la Religión, de una tierra inconcreta y en construcción, y de un Rey desconocido, mas el empuje del odio al francés, a lo extranjero, a lo ateo que lo destruía todo. Ya se sabe que, por desgracia, no solamente de virtudes vive el hombre. Aún así, hubo amor, el gran amor de los gerundenses y de la tropa, en perfecta unión, en unívoco grito contra la invasión y la porfía del antagonista francés, aunque después de los sitios, incluso el más apasionado luchador descubriría la tragedia que vivían los enemigos tras sus fronteras.

Mucho más se podría explicar de lo que significa el 19 de septiembre, el Gran Día de Gerona. En el desolador panorama gerundense y catalán, la adhesión y comunión con los antepasados es nula y el recuerdo deja paso al olvido y a una absoluta frivolidad. Ha habido iniciativas muy loables, como las reconstrucciones históricas o la recuperación de la pintura de Ramon Martí Alsina que immortaliza el instante perfecto de la epopeya gerundense: el éxtasis de gloria del Gran Día de Gerona. Después de setenta años de reclusión, el cuadro más grande pintado nunca en Cataluña recuperará su majestad en la Gerona que lo inspiró, cubriendo lo que antaño fue el ábside de un templo católico. Curiosa unión... Martí Alsina, el gran pintor realista catalán, dedicó toda su vida a la búsqueda del retrato del instante perfecto del tercer sitio de Gerona en 1809. No sabemos si lo consiguió; mas su obra renacerá en las cenizas del mito nacional de los sitios para elevar de nuevo a aquellos defensores que lo dieron todo hace doscientos años.

Wednesday, September 16, 2009

Es respira el «Gran Día de Gerona»

Pel que sembla, i la premsa i alguns amics de la Sastreria ho certifiquen, Girona es va inundar aquest darrer cap de setmana del perfum de la pólvora i dels dies gloriosos de l'heroisme patriòtic dels defensors de la Immortal. Retòrica a banda, és lloable que s'hagin preparat les reconstitucions històriques i cal felicitar els organitzadors. Tanmateix, i aquesta objecció és important, les commemoracions no es poden deturar en aquesta faceta del record de la lluita més important dels setges de Girona. S'ha d'abordar la commemoració des de l'articulació de la política del record, des de la memòria de la societat devers els seus avantpassats, en la connexió essencial del gironí d'avui amb el gironí del passat, en els seus actes i els seus sentiments, per distints que puguin ésser o que ens puguin semblar que són; és la línia de continuïtat que la gravidesa històrica (que poc que la valorem, nosaltres que la tenim!) ens imposa en lligam espiritual amb els anciens.

On són els representants de les institucions polítiques? On són les personalitats de la societat civil? On són els militars? On són els sacerdots del Senyor i el nostre Pastor? On és l'acte que els agrupi per exercir amb fermesa la memòria. Cal exercir la memòria, per nosaltres, pels nostres avantpassats que lluitaren aleshores. Com deia Carles Rahola en la conferència inaugural de la Biblioteca Provincial de Girona el 5 de novembre de 1931:
«Aquella gesta ha d’ésser jutjada sobretot baix un aspecte… –¿què us diré?– sentimental i emotiu. Cal d’antuvi que ens posem en la situació d’esperit dels nostres avantpassats. Ells veuen sobtadament llur terra –la nostra terra, aquesta mateixa terra que nosaltres estimem–, envaïda per uns soldats àvids de glòria i de botí, les seves llars destruïdes, llur fe amenaçada.»
Per consegüent, la Sastreria diu: celebrem-ho des d'un aspecte sentimental i emotiu, sense el prejudici, amb l'honor i el record que es mereixen aquells gironins pel simple fet d'haver estat gironins en uns temps tan transcendentals i en unes hores de gran dificultat. Si no es vol anar més enllà, això ja serveix.

Però es podria afegir: cal oferir als mateixos altars l'acció de gràcies dels avantpassats al Sant Patró que intercedeix davant el Pare pels seus fills fidels, cal exercir un sincer agraïment públic per la lluita que menaren per una terra inconcreta, una pàtria en construcció, un rei idealitzat, una genèrica llibertat i una vera i santa Fe que els sostingué en les accions i en la salut espiritual. Quin gran desagraïment que hem forjat contra els nostres pares! Hem aixecat el pitjor dels murs, això és, la solució de continuïtat amb la seva Tradició i la seva existència, per rupturar les consciències i clivellar els esperits. De què tenen por les autoritats militars recloses a les casernes? Què empeny les institucions polítiques a un silenci tenyit de menyspreu i barrejat amb l'avarícia de l'hipòcrita que vol obtenir beneficis turístics tot obviant la realitat de la història? Per què els nostres sacerdots del Senyor s'amaguen a les sagristies i es neguen a commemorar la gesta dels nostres avantpassats (sí, s'hi neguen, i per escrit, que hom conserva encara la carta de negativa, signada fa dos anys per la secretària-cancellera del Bisbat de Girona, enviada amb un mes de retard i descartant tota commemoració). I la societat civil? Ah, aquesta sí que hom l'ha poguda veure, a les reconstitucions, seduïda per un interessant espectacle, que, malgrat tot, adorm la seva consciència històrica, perquè no hi ha la pedagogia de i per a la societat verament commemorant, en l'acte suprem de record. Si la resta d'institucions, que fa dos-cents anys encapçalaren amb el poble la lluita, deserten de la seva responsabilitat, els ciutadans cal que vencin aital indiferència i emprenguin un sentit record. Amb tot, és possible que no hi hagi gaire gironins disposats a fer-ho.

Esperança! I pregària, com la dels nostres avantpassats fa dos-cents anys!

Tuesday, September 15, 2009

Reflexions de la Gran Guerra (IV)

En línia amb el mite de la França agredida, hi ha la paternitat de la guerra. Les potències centrals sempre han passat pels dolents de la pel·lícula: és clar, van perdre la guerra. Va guanyar la democràcia i la llibertat enfront del model prussià autoritari. En conseqüència, per què els socialistes alemanys –la gran potència socialista europea– van participar activament en un govern antidemocràtic? Per què en l’entente hi havia la gran nació autocràtica d’Europa, si era la unió dels països democràtics? Són preguntes davant l’absurditat dels prejudicis. El retrat de l’Alemanya autoritària se sol il·lustrar amb la fotografia del Kaiser i el seu govern de generals (v. Hindenburg, v. Ludendorff, v. Mackensen, v. Bülow, v. Falkenhayn, v. François, v. Moltke, v. Tirpitz). Era l’autèntic govern, el ver poder. El govern civil del canceller Bethmann-Hollweg –noble i militar– no significava pas gran cosa. Certament, el govern de l’Imperi Alemany no era democràtic i el Reichstag era més aviat decoratiu/nosa. Però no es podrà negar mai la modernitat del govern alemany i caldria comparar-lo convenientment amb els governs del gir conservador europeu dels temps finiseculars vuitcentistes –casos com França (sí, la França republicana de Mac-Mahon) o Espanya. I finalment, hom no ha d’oblidar mai que la ideologia transversal de la nació ha estat tradicionalment més poderosa que l’hemiplegia moral de les dretes o les esquerres: el nacionalisme.

Wednesday, September 9, 2009

Reflexions de la Gran Guerra (III)

Moltes vegades, quan hom pensa en la Gran Guerra, se sol assenyalar amb el dit acusador els alemanys. El mite del francès agredit, del francès víctima dels germànics és una gran fal·làcia cultivada per la propaganda. Per sort, la historiografia ha pogut demostrar l’energia agressora francesa al 1914. Els francesos estaven tan militaritzats com els alemanys i tenien tantes ganes d’anar a la guerra com ells. Ho demostra la idèntica actitud dels partits socialistes –els partits de moral barata i consignes falses, que a l’hora de la veritat s’arraconen. L’SPD votà en massa a favor dels crèdits de guerra i el poder extraordinari de les autoritats militars; la SFIO votà en massa a favor dels crèdits de guerra i la constitució d’un govern d’unitat nacional, això és, l’Union Sacrée o el Burgfrieden. Per fer-ho possible, Jaurès desaparegué –un extremista de dretes ho solucionà– i l’SPD irradià els diputats rebels que es constituïren en una organització socialista autònoma. Naturalment, tot això és molt més complicat, però l’explicació pot servir. La bel·ligerància patriòtica dels socialistes es consumà.

Thursday, September 3, 2009

Reflexions de la Gran Guerra (II)

La caixa de trons de 1914 exterminà el món vuitcentista, el món més idiosincràtic del segle XIX. La mort del XIX al 1914 fou la fi de moltes certeses i moltes inquietuds i l’entronització de moltes ficcions, turments, decadències i altres mals. Així i tot, també s’entronitzà la meravella de la tècnica i el món modern: la Gran Guerra significà l’eclosió de la màxima modernitat mecanitzada. Si hom segueix les expressions i emocions bèl·liques d’Ernst Jünger escrites després de la conflagració (In Stahlgewittern, 1920), la Gran Guerra fou la més alta noció de l’art de la guerra, de la guerra total, una guerra automatitzada, on l’avenç tecnològic ha causat l’automatització de la mort. Fou la consumació de l’ideal cavalleresc de la guerra al món civilitzat; per contra, l’ideal cavalleresc morí en uns camps de batalla que una metralladora podia netejar en pocs moments. Ja no era possible el combat cos a cos, honrós i decent. Aquest ideal del cavaller s’havia desenvolupat a bastament a les guerres colonials. Eren guerres que permetien de materialitzar l’ideal de l’honor de la guerra. L’exportació d’aquests ideals –i les pràctiques que s’hi lligaven– massacraren Europa, les seves valors, els seus ideals, la seva mentalitat i la seva moral en quatre anys. L'horror en tot el seu màxim desplegament.

Tal dia com avui [3 de setembre] fa setanta anys començà l'altra horror, la II Guerra Mundial.